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Salida de Locomotora

Salida de Locomotora

1970

 Juvenal Hidalgo

“Aquí vamos a explicar un poco, que hablábamos denante de la moción como lubricador, hacía, como la palabra lo dice, lubricaba el sistema de alta presión de la locomotora, que es donde trabaja el pistón, entonces, ahí donde llega a los ciento ochenta grados de presión, que tiene la locomotora, para que pueda mover, según ya sea un tren liviano o un tren pesado, se llevaban hasta mil doscientas toneladas, luego de eso, gracias al carbón de piedra que el ayudante del maquinista trataba de mantener la presión a la temperatura ideal. Acá vemos que tenemos las ruedas donde están todas las mociones con las bielas, que se lubricaban con lo que llamábamos denante la aceitera, porque la otra, la grasera, se llenaba del lubricador, y el lubricador llegaba a alimentar de la lubricación a los pistones” 

Domingo Araneda

“He escogido dos tipos de locomotoras, una   locomotora tipo setenta y una locomotora tipo ochenta, en especial esas   locomotoras porque son las que les dieron a ferrocarriles y al país, el mayor movimiento y   tráfico de pasajeros y carga. Son locomotoras de alto tonelaje, son   locomotoras para viajes prolongados, son locomotoras que tienen capacidad de   arrastre inmensa; la tipo ochenta, por ejemplo, era la locomotora más grande   que había aquí en el sur, podía arrastrar hasta mil cuatrocientas toneladas,   y un convoy sobre treinta carros, veintinueve carros porque estas locomotoras   tienen un compresor doble que alimenta el sistema de frenos del equipo de   todos los carros que lleva, y es una locomotora muy potente. Esta locomotora   es, como te dijera, representó el gran movimiento que hubo en el tiempo del   vapor, antes que llegara la locomotora Diesel, el movimiento de todo lo que   era transporte de carga aquí en el sur de Chile, en el norte igual po, o sea,   de Santiago igual, pero yo trabajé de Chillán a Puerto Montt y puedo hablar   por eso”  

Domingo Araneda

“Nostalgia de haber perdido todo ese tiempo, o no   sé, recuerdos inmensos, cada viaje, cada temporada, invierno, verano, en la   locomotora a vapor se sufría y se gozaba, en el verano mucha calor, y el calor del   vapor, el calor de la locomotora, la puerta del fogón abierto, se quemaba   uno, y en el invierno, el lado izquierdo del fogonero, calentito con la   puerta del fogón, y la espalda y el lado derecho mojado, con hielo y con   escarcha porque unos se mojaba y se calentaba la mitad del cuerpo, el lado   izquierdo calentito y el lado derecho mojado, porque no tienen ventanas, no   tienen puertas, no hay como cubrirse de la lluvia, y sobre todo a veces que   había que retroceder, había partes en que tenía que volver uno con la   locomotora, retrocediendo, con equipo y con lluvia, peor po, y frío, peor, y   en el verano el polvo del carboncillo de la carbonera te llegaba todo a la   cara, uno se bajaba como mono, apenas se veían los ojos, era una cosa muy   linda, muy hermoso el haber trabajado en ferrocarriles, y haber comido o   haberme servido esas cazuelas en esas ollas a vapor, no hay comparación, o   sea, uno lo que más esperaba, no importa donde estuviera, que la olla dijera,   está lista la comida, que la olla hablara” 

Domingo   Araneda

“Bueno, recuerdos, son todos inmensos, o sea, en   imaginarse trabajar con una locomotora a vapor, almorzar con una olla a   vapor, hacer un viaje de catorce, quince, veinte horas a veces, comerse doce toneladas   de carbón, diez toneladas de carbón, porque el tender de la locomotora o de   la carbonera te hace eso, hace diez, once, doce toneladas de carbón; en un   viaje tirar con una pala chica, tirar diez toneladas de carbón a un fogón, de   Temuco a Osorno, y diez más de Osorno acá a Temuco, es un trabajo muy duro,   muy sacrificado, muy, muy, muy duro, pero ahora los recuerdos, es como si uno   anduviera paseando, yo lo recuerdo como si todos esos viajes fueran de paseo,   de felicidad, pienso de que como nunca más van a volver, fueron viajes   felices, yo creo que todos los viajes fueron viajes felices, o sea, un gusto   de haber trabajado, de trabajar con alegría, de trabajar… uno no miraba el   tiempo, la hora, el tiempo, ¿cuánto son?, ¿ocho horas?, ¿dieciséis horas?, no   miraba cuántas horas sino que esperaba a llegar allá nomás, o sea, la meta de   uno era llegar al destino, llegar a Valdivia, llegar a Osorno, llegar a San   Rosendo, y de regreso llegaba a su casa, no importaba al personal de   máquinas, a todo el personal, no importaba el tiempo que demora (…) lo   importante era servir, hacer bien hecho su trabajo, o sea, cumplir con el   deber que se le impuso a la salida de cada casa de máquinas, “ustedes van a   llegar a Osorno, y a Osorno tienen que llegar”, ahora, ese momento era duro, difícil, pero ahora yo recordando, no, no creo que haya sido duro ni difícil,   ni pesado, ni trasnochador, nada, porque mirando la actualidad, la gente no   cree, yo pienso que no cree si uno dice cómo son los viajes, “no puede ser   así”, pero así eran po, duros, difíciles, ahora son recuerdos gratos,   recuerdos felices, yo me acuerdo de todos los viajes hacerlos feliz,   tranquilo, duros, pero con la olla ahí quedábamos tranquilitos, quedábamos   gorditos” 

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