

Faroles de Maniobra
c. 1980
María Eugenia Fuentes
“Y esto, nosotros jugábamos con esto cuando éramos chicas, las lámparas, los faroles donde te daban la pasada a ti, y te marcaban el rojo, es como el semáforo, cuando salían en la noche a los patios, andaban con esto (…) nosotros teníamos uno en la casa y se lo regalamos al museo, quedó de reliquia y se lo regalamos al museo, po eso es que me llamó la atención. Este, me parece mucho que se los regalamos porque, qué íbamos a hacer nosotros con él, o sea, se iba a perder y nadie más lo iba a disfrutar”
José Candia
“Mire, usted ve aquí 2 faroles, este ya es a pilas o batería, que es lo mismo, es más moderno, ¡muy buena luz dan estos!, estos se veían de 2 kilómetros o más de lejos (…) así que uno entraba confiadamente po, ¿ve?, ahí este te llevaba amarillo, para acá rojo, los colores, y por el otro lado tenía verde, ¡ya!. Este otro farol tiene una historia muy particular, que se la quiero contar, este era a carburo, aquí adentro se nota una cajita, se abría esa cajita y adentro tenía un espacio donde uno le ponía el carburo (…) y para arriba tenía una mecha, así que uno en ese pituto donde estaba la mecha, le encendía el fosforo y daba una luz ¡clarita!, porque el carburo da muy buena luz, muy buena, el olor es medio fuerte (…) se le echaba una gotita nomás y ahí se mantenía, toda la noche casi, la cosa es que daba muy buena luz, una luz bien blanca, así, potente, esa era la historia del farol. Qué pasó, yo le voy a contar esta historia, creo que está en un libro por ahí, igual se la voy a contar, resulta que al sur de Chillán hay una estación que se llama Nebuco, cerquita de Chillán, está Nebuco, Almarza, Chillán (…) Ne -bu -co, con b, la cosa es que ahí ¡era un pueblo!, no le voy a decir pueblo, era una localidad, nomás había 3 o 4 casas, eso era todo lo que había, así que ahí no pasaba nada, y eso eran estaciones de cruzamiento, porque tenían líneas para desviar los trenes, y para darles la pasada a los trenes con más preferencia como los de pasajeros, o habían cargas que eran expresos que también tenían preferencia, entonces los movilizadores en la noche con esto le hacían señas ahí a los trenes, para que avanzaran o para que entraran a las estación, esa era la función de los faroles (…) esto lo usaba el movilizador, claro, al moverlo usted así, se ve de lejos que se enciende y se apaga, se enciende y se apaga, así que hace así, así que es una muy buena señal para uno para poder entrar, ¿ve?, y estos tenían 3 colores por lo general po, era verde, rojo y, o era blanco o era amarillo el otro color, ¿ve? (…) había que parar, ahí no se podía avanzar, le ponían el rojo a uno (…) claro, inmediatamente, ¿ve?, con el verde pasaba uno, y con el amarillo pasaba despacito con precaución nomás, ¡ya!, la cosa es que yo me acuerdo que en el año 71, más o menos, apareció en el Diario El Clarín, ¿no sé si lo conoció usted?, era en aquella época, ese después desapareció, y yo me acuerdo que me llamó la atención que decía en primera plana, pero con letra chica todavía, pero decía destacado, destacado decía “carbonauta casi va a dar a la luna”, ese era el título, me extrañó, me largo a leer adentro, porque lo compré al tiro, el reportaje que había, ¡qué manera de reírme!, qué es lo que pasó, sigamos con la historia del farolito, como le dije, en este pueblo de Nebuco, era muy pequeño, y no había baños como hay hoy día, de estos baños modernos con agua, o baños químicos, ¡no!, eran letrinas, hoyos negros, esos yo los conocí desde chico en aquellos años, y ahí íbamos a hacer nuestras necesidades; la cosa es que el colega ahí iban a hacer todas sus necesidades, pero lo más curioso es que a ellos se les ocurría botar los restos del carburo adentro, ahí, así que no, no pasaba nada, no había problemas, pero qué pasó, que este colega un día se fue fumando para allá, se fumó su cigarrito mientras hacía sus necesidades, terminó, con lo pantalones abajo ahí sentadito, y se le ocurre botar su cigarro por un hoyito pa abajo, ¡pum!, la cuestión se sintió en todo el pueblo, qué, si eran como 3 o 4 casas, como le dije, y a continuación los gritos, “¡auxilio!, ¡socorro!, ¡sáquenme de aquí!”, oiga y gritó tanto rato que la gente al escuchar la explosión salió a mirar qué había pasado po, y ahí escucharon los gritos y fueron a socorrerlo, este pobre hombre estaba enterrado hasta aquí en excremento, a punto de morir, la caseta desapareció, ¡pero a quién se le ocurre hacer eso!, oiga, la cosa es que el pobre hombre ahí tuvieron que todos los vecinos ensuciarse un poco, por la ñoña, hasta que lograron sacarlo de apoco, lo tiraron pa afuera, ¡pero todo embetunado!, le salvaron la vida, porque si no se iba a sumergir pa abajo y se iba a ir po (…) “carbonauta casi va a dar a la luna”, la cosa es que ahí estaba la historia del carbonauta, y yo me acuerdo que los colegas pasaban ahí, pasábamos a plena velocidad con las máquinas eléctricas o Diesel, y le pasaban haciendo burla al pobre hombre después, “¡carbonauta!”, y pasaban rajados, y ahí aparecía el haciendo sus mariguanzas, reclamando (…) claro, todos lo molestaban al carbonauta, ese quedó por carbonauta, y usted sabe que esa historia salió como la noticia curiosa en todos los diarios del mundo, así que su historia fue conocida en todo el mundo porque es una noticia curiosa que no pasa todos los días pues (…) Yo conocí a otro colega aquí, no, yo no era tan malo, pasaba y le gritaba “¡nauta!”, le decía, ahí termina la historia”





